Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Galileo sigue vivo

El 6 y 7 de noviembre de 1997, quedarán como días históricos para la Astronomía, con la culminación de la Misión Galileo. Hace 387 años escribía Galileo Galilei: "Me gustaría hacer público al mundo el descubrimiento de cuatro planetas nunca vistos desde el comienzo del mundo a nuestros días...moviéndose alrededor de Júpiter como Venus y Mercurio lo hacen respecto al Sol".

Así resumía Galileo Galilei, en marzo de 1610, el resultado de las observaciones que, dos meses antes, había realizado con un telescopio casero. Se trataba de su principal contribución científica, el descubrimiento de los cuatro satélites galileos de Júpiter, el apoyo experimental al sistema de Copérnico quien defendió que no todo giraba alrededor de la Tierra: la Tierra no era el centro del Universo. Aunque el astrónomo Simon Marius decía que había observado las lunas de Júpiter antes, en noviembre de 1609, al no publicar sus observaciones era imposible verificarlas. Pero lo que sí le cupo fue el honor de bautizar, en 1614, a estos satélites joverianos, basándose en una sugerencia que le había recibido Marius del gran Kepler: " Júpiter ha sido muy inculpado por los poetas a causa de sus amores irregulares. Tres doncellas han sido especialmente citadas por ser cortejadas clandestinamente con éxito por Júpiter. Io, la hija de Inaco, el río Dios; Calisto, hija de Licaón; y Europa, hija de Agénor. Y estaba Ganimedes, el hermoso hijo del rey Tros, a quien Júpiter, tomando forma de águila, transportó al cielo sobre sus espaldas". De este modo quedó relegada la propuesta de Galileo sobre el nombre de planetas como Mediceos I, II, III y IV (en honor de los Médicis) y, desde mediados del siglo XIX Io, Europa, Ganimedes y Calisto son los nombres oficiales de las lunas joverianas descubiertas por Galileo.

MISIÓN GALILEO. La nave Galileo, ahora de actualidad, fue construida por la NASA y lanzada el 18 de octubre de 1989. A las cercanías de Júpiter llegó en 1995, tras un largo viaje de 6 años, el doble de tiempo que si hubiese ido en trayectoria recta, ya que al aprovechar la fuerza gravitatoria de la Tierra y de Venus se ahorraba combustible. Con un peso de dos toneladas y media cuenta con diez sofisticados instrumentos científicos y llevaba también una Sonda espacial de 339 kilos de peso. Durante el viaje, la nave Galileo realizó valiosísimas observaciones de la Tierra, del Cinturón de Asteroides, de la Luna y de Marte, siendo testigo excepcional del choque de los 21 fragmentos del cometa Shoemaker-Levy sobre la superficie de Júpiter.

Una gran complicación fue que la nave portaba una gran antena plegada que quedó bloqueada e inutilizada al intentar desplegarla. La pequeña antena adicional de la nave no estaba diseñada para enviar a tan gran distancia como la Tierra la información científica que se iba recogiendo. Pero los ingenieros e informáticos lograron crear y enviarle nuevos programas y software, con un gran factor de compresión para los datos. Como consecuencia de ello, la pequeña antena está siendo capaz de enviar su información hasta los tres centros receptores ubicados en las cercanías de Goldstone (California), Canberra (Australia) y Madrid.

EN ÓRBITA. En julio de 1995 la Sonda se separó de la nave nodriza Galileo y durante 5 meses realizó un recorrido paralelo, pero separado, hasta llegar a las cercanías de Júpiter. Allí, mediante sus motores, Galileo se situó en órbita alrededor del gran planeta, mientras que la Sonda se internó en la atmósfera joveriana, analizando su composición durante una hora, hasta que quedó totalmente destruida. Entre otros factores el estudio de Júpiter es fascinante ya que, por sí solo, constituye el 70 % de la masa combinada de todos los planetas y posee un sistema único anular, la mayor magnetosfera conocida y una notable actividad volcánica en Io.

Desde diciembre de 1995, Galileo ha girado alrededor de Júpiter, estudiando su atmósfera, sus satélites y la magnetosfera que los rodea. El propósito es indagar aspectos como la composición precisa de la atmósfera del planeta y el tipo de fuerzas que gobiernan su meteorología. Asimismo, conocer los procesos responsables de los giros de la luna Io, los mecanismos que energizan la magnetosfera de este satélite, o la historia y evolución física de los satélites galileos. De ahí se alcanzarán respuestas adecuadas a preguntas como: a) ¿Se parece la atmósfera joveriana a la nébula inicial solar?; b) ¿Cómo es de volcánica Io?; c) ¿Cómo actúa la magnetosfera?; d) ¿Cómo interacciona con los satélites?; e) ¿Tienen los satélites sus propios campos magnéticos?.

EUROPA. El satélite Europa posee un diámetro de 3138 kilómetros, ligeramente menor que el de nuestra Luna, pero su brillo superficial es cinco veces mayor Su superficie es bastante plana, con elevaciones que raramente superan 1000 metros. Su escasez de cráteres es un indicio de su relativa juventud y es de gran interés que se haya detectado la existencia de una tenue atmósfera de oxígeno. De las 11 órbitas realizadas por Galileo 2 de ellas han permitido, previamente, su acercamiento a la luna Europa, concretamente el 19 de diciembre de 1996 (Europa 4) y el 20 de febrero de 1997 (Europa 6).

El 6 de noviembre de 1997, a las 20:32 horas astronómicas ha tenido lugar el último acercamiento, a una velocidad de 5,7 km por segundo y a una altitud de solo 2042 km. Es decir, 359 veces más cerca que lo hizo en su día el Voyager 1 o 100 veces más cerca que el Voyager 2. Con los datos obtenidos culmina la conocida como órbita Europa 11 del Galileo. A partir de ahora, durante dos años se desarrollará la Misión Galileo-Europa, que tiene múltiples objetivos. El principal de ellos es el estudio y caracterización de la superficie y la atmósfera de Europa, intentando confirmar datos previos del Galileo indicativos de la posibilidad de que posea un océano acuoso bajo su superficie helada, Ello significaría la posible existencia pasada o presente de alguna forma de vida.

¿Cuál será el final de Galileo? Los factores limitadores futuros serán el agotamiento de combustible si hace falta hacer funcionar sus motores, el agotamiento energético de sus generadores térmicos de radisótopos y, sobre todo, la falta de presupuesto económico. Al finalizar el tiempo previsto para la Misión Galileo-Europa, posiblemente la nave Galileo siga enviando informaciones útiles durante más de diez años y permanezca en la órbita joveriana entre 100 y 1000 años hasta que impacte sobre una luna de Júpiter, o sobre el mismo Júpiter, Los otros posibles destinos son su destrucción por las radiaciones ambientales o su escape de la órbita hacia el espacio. Pero, por ahora la nave Galileo sigue viva y muy valiosa.