Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

San Juan y los megacriometeoros

Ese libro bíblico tremendo y misterioso que es el Apocalipsis o libro de las Revelaciones, quizá alcanza su mayor intensidad en el relato de las siete copas de la cólera de Dios sobre Roma (15-16), que finaliza así, según la versión de Nácar-Colunga (16,21): "Una granizada grande, como de un talento, cayó del cielo sobre los hombres, y blasfemaron los hombres contra Dios por la plaga del granizo, porque era grande en extremo su plaga".

Otras versiones de otros traductores, en lugar de comparar el tamaño del granizo con un talento lo hacen con un quintal. Ambas son medidas poco definidas que dependen del lugar y época de uso. En cualquier caso, el relato del Apóstol narra la caída desde el cielo de bloques de hielo de gran peso, ya que un talento, según las versiones equivalía a 20-34 kilos y un quintal a 4 arrobas, es decir, unos 46 kilos.

AEROLITOS. Ello nos hace recordar cuando en enero del año 2000 diariamente los medios de comunicación nos advertían de la caída de grandes bloques de hielo sobre la geografía española. El primer aviso fue el de Soria del día 8 de enero, seguido el día 10 por el de Tocina (Sevilla), el 12 en L' Alcudia (Valencia), el 13 en Elche (Alicante), el 14 en La Unión (Murcia), el 15 en tres diferentes localidades valencianas, el 16 otros dos en Cádiz y Huelva o el 17 de enero en Algemesí (Valencia).

¿Eran relatos más o menos fantásticos como los del Apocalipsis?. ¿Se podría tratar, incluso, de meras surpecherías?. El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) reaccionó ante la curiosidad y alarma provocadas e inmediatamente anunció la creación de un equipo investigador multidisciplinar para estudiar la procedencia y composición de los bloques de hielo. El grupo contaba con expertos en hidrogeología, microbiología, meteorología y astrofísica, procedentes de diversas Universidades, Centros meteorológicos e Institutos del CSIC, que habrían de examinar e investigar cada bloque recogido. Los bloques eran conservados en nieve carbónica, acondicionados en recipientes especiales y transportados al Instituto del frío en Madrid. Un prestigioso geólogo, experto en meteoritos, el Dr. Martínez Frías, fue nombrado director del equipo investigador.

El Dr. Jesús Martínez Frías estaba adscrito al Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid y cuenta con un gran prestigio internacional. Con más de 130 trabajos científicos en revistas multidisciplinares internacionales de alto impacto, tales como Nature, en la actualidad es científico titular del Centro de Astrobiología del CSIC, dirigiendo el Laboratorio de Geología Planetaria del CSIC e INTA (Instituto Nacional de técnicas Aerospaciales) y también coordina al grupo internacional creado para analizar la caída de grandes bloques de hielo, o megacriometeoros, un nombre científicamente más adecuado que el de aerolitos.

La Investigación ya está dando frutos y, recientemente, la prestigiosa revista Science, en un artículo titulado Great Balls of Ice, se ha hecho eco de los resultados obtenidos y de las hipótesis más fundamentadas sobre el origen de los aerolitos o megacriometeoros.

HISTORIA. En primer lugar destacaremos que, fraudes aparte, la descripción de la caída desde el cielo de grandes bloques de hielo es una constante histórica, no restringida a los tiempos bíblicos, a una determinada zona geográfica de la Tierra, ni a un periodo de tiempo más o menos reciente. En efecto, a lo largo de los siglos nos encontramos con muchísimas referencias de misteriosas caídas de grandes bloques de hielo, muy anteriores a la existencia de aeronaves, a cuyos desechos algunos pretendían atribuir su origen.

En el siglo XVIII se relató que, en Seringapatam, India, había caído un bloque de hielo "tan grande como un elefante", que tardó más de tres días en fundirse. En 1802, en Hungría, cayó un gran bloque con peso estimado superior a los 100 kilos. Otro gran bloque de hielo de unos seis metros de diámetro, pesando alrededor de media tonelada, cayó en 1849 en la granja Balvullich, en Ord, Escocia y su aspecto se describió como de cristal claro, aunque parecía estar formado por la asociación de muchas grandes unidades de hielo fundido con formas cúbicas y de diamantes.

En el siglo XX están documentados muchísimos relatos de este tipo. Por ello, solo citaremos algunos de los más recientes, ocurridos en el año 2002. En Estados Unidos, a las 9 de la mañana del miércoles 16 de enero un bloque de hielo "del tamaño de medio coche" cayó sobre el tejado de un área de Servicio (Acura of Charleston) en la autopista de Savannah, destrozando un automóvil y causando daños evaluados en $ 5000. Ese mismo mes, en el paraje de La Tanda de la localidad soriana de La Milana, agentes del Seprona de la Guardia Civil recogieron un supuesto megacriometeoro de 18 kilos de peso. El 14 de abril se señaló la posible caída de otro bloque de hielo en el sur de los Países Bajos; el 20 de abril, en Valls (Tarragona) la de otro gran trozo de hielo de unos 3,5 kilos que originó un agujero de medio metro de diámetro en un tejado; el 10 de julio, en Galena, Morelos, México, otro bloque de 10 kilos; y a mediados del pasado mes de agosto, en Bristol, UK, el impacto de otro gran bloque de hielo ocasionaba una enorme abolladura en un coche.

CAUSAS. ¿Cuál es el origen?, ¿cómo se forman?. Desde el año 1975 diversos autores vienen proponiendo decenas de hipótesis diferentes. Aunque no exista aun una respuesta inequívoca al respecto, las investigaciones del equipo coordinado por el Dr. Martínez Frías permiten avanzar algunas conclusiones. La supuesta gelación o los escapes de las aeronaves no pueden explicar ni las variadas referencias (antes de 1900) de caídas previas al desarrollo de las aeronaves ni los bloques de varios kilos que se vienen registrando en muy diferentes localizaciones de nuestro planeta. Lo que pudiera ser bastante probable es que el gran número de vuelos aéreos existentes esté provocando ciertas observadas anomalías atmosféricas que favorecerían, al menos en parte, la formación de esos grandes bloques de hielo, mediante un mecanismo muy similar al de la formación del granizo, material con el que los megacriometeoros comparten características texturales, hidroquímicas e isotópicas muy parecidas. Así, en el caso de los bloques caídos en España se trata de aguas naturales, con mineralización variable, de bajo contenido en sílice, con presencia de amoníaco, que poseen heterogeneidad composicional de micropartículas (como sucede con el granizo de gran tamaño), con distribuciones isotópicas que se ajustan a la línea de Craig de las aguas meteóricas, condensadas bajo diferentes condiciones ambientales-térmicas. La formación de los primeros núcleos de hielo podría deberse a la persistencia de las estelas de aeronaves que, en condiciones atmosféficas inusuales, podrían contribuir a crear condiciones adecuadas para la generación de núcleos de hielo en las capas altas de la atmósfera.

Como conclusión, provisional en todo caso, se trataría de un fenómeno natural que se ha venido dando a lo largo de la historia de la Humanidad, pero que, posiblemente de modo indirecto, se ha acrecentado antropogénicamente debido a ciertas anomalías atmosféricas que se han observado y que pueden estar ocasionadas por la alta intensidad del tráfico aéreo existente actualmente.