Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Un combustible por los aires

La actividad humana arroja, anualmente, a los aires grandes cantidades de contaminantes tóxicos que, en muchos países, pueden suponer cifras superiores a las 20 toneladas de contaminación gaseosa, por persona y año. Tan solo en EE.UU, el peso de las emisiones tóxicas anuales supera los 5 000 millones de toneladas, un 14% de ellas procedentes de las grandes industrias.

Ante esta situación tan alarmante se hace necesario conocer más profundamente la naturaleza y acción de los contaminantes que alteran nuestros sistemas, en especial al más universal de todos los ecosistemas, el del aire que respiramos. Los contaminantes de nuestro aire pueden proceder de fuentes naturales (por ejemplo, el gas radón que aflora desde el subsuelo) o de las propias actividades humanas. La EPA o Agencia Ambiental Americana, entre varias miles de sustancias peligrosas ya conocidas, tiene no solo catalogadas, sino sometidas a regulación, a 188 de ellas. Entre las más conocidas se encuentran dioxinas, benceno, arsénico, berilio, mercurio y cloruro de vinilo. Son productos que acarrean riesgos, más o menos graves para la salud, que van desde una simple erupción cutánea a la provocación de diversos tipos de cánceres, pasando por una batería de acciones perniciosas, como defectos neonatales, efectos inmunológicos, daños nerviosos, reproductivos, respiratorios, hepáticos o renales, y un largo sinfín.

En todos los casos, sería muy conveniente conocer detalladamente la relación entre las dosis sufridas y las respuestas desencadenadas, es decir, lo que se conoce como relación dosis-respuesta. Aunque, por ahora, ello es imposible, cabe anticipar que, gráficamente, esa relación corresponde a una línea recta, en el caso de sustancias con potencialidad cancerígena, mientras que aparece con una forma sigmoidal para los contaminantes no cancerígenos. Ello significa, para los cancerígenos, que no existen las exposiciones de riesgo totalmente cero, es decir, que para tener la completa seguridad de que no existe riesgo se requiere el que tampoco haya presencia del contaminante. En la colaboración anterior nos ocupábamos del ozono y las partículas presentes en el aire. Hoy, nos referiremos a otro de los contaminantes más frecuentes, el benceno.

EL BENCENO. Es uno de los contaminantes aéreos más importantes. La presencia de benceno en el ambiente urbano es consecuencia, sobre todo, de las emisiones procedentes de las gasolinas utilizadas por nuestros automóviles, por las pérdidas por evaporación (al repostar), o por las emisiones de los tubos de escape (combustión incompleta). Por ello, en las especificaciones de los combustibles, debe estar limitado el contenido máximo legalmente permitido de contenido en benceno. Este hidrocarburo aromático también puede proceder de diversas actividades industriales y, ¡atención a las personas tabacodependientes!, en los fumadores, el mayor porcentaje de su asimilación total procede de los cigarrillos.

Los efectos perjudiciales de la exposición prolongada, a concentraciones bajas-medias de benceno, son conocidos y los estudios epidemiológicos no ofrecen dudas sobre su mielotoxicidad e, incluso, su carácter incitador de leucemias. Sin embargo, la heterogeneidad de los datos existentes hace difícil establecer relación precisa entre el nivel de contaminación, es decir, la concentración ambiental, y el valor de la exposición que realmente soporta, e inhala, la población. Si ello se conociese, a partir de unos valores de exposición, cuyos riesgos inherentes fuesen considerados aceptables, se podrían fijar los límites de concentración ambiental permisibles, por encima de los cuales las autoridades deberían tomar las medidas oportunas para conseguir su disminución.

MACBETH. La sensibilidad europea respecto a la preservación del Medio Ambiente es creciente. La Unión Europea (UE) no podía ser ajena a este hecho. Tras el llamamiento del Consejo de Europa en la denominada Posición Común (EC) 5/96, existe el propósito de regular, en el ámbito europeo, antes del 31 de diciembre de 1999 una Directiva cuya finalidad sea la mejora de calidad del aire urbano. Respecto al caso particular del benceno se trata de llenar la laguna de conocimientos antes citada. De acuerdo con la costumbre de la UE de proporcionar nombres singulares a sus proyectos, en este caso el estudio se ha bautizado con el nombre de MACBETH (Monitoring of Atmospheric Concentrations of Benzene in European Towns and Homes).

Al amparo de MACBETH se desarrolla el proyecto ambiental LIFE 96 ENV (IT) 70, liderado por científicos italianos, con el propósito, entre otros, de recoger un conjunto de datos de contaminación ambiental y de exposición individual al benceno. Los muestreos se van a realizar en seis ciudades europeas, elegidas entre las de tamaño medio, concretamente Amberes (Bélgica), Copenhague (Dinamarca), Rouen (Francia), Atenas (Grecia), Padua (Italia) y Murcia (España). El grupo español investigador que se integra, junto con otros seis de los países participantes, pertenece al Departamento de Ingeniería Química de la Universidad de Murcia, bajo la coordinación de los profesores González Ferradán y Miñana Aznar. Se pretende establecer la adecuada relación entre nivel de contaminación y el nivel de exposición de la población residente en núcleos urbanos. Ello serviría de base para justificar los criterios que ha de adoptar la Directiva Comunitaria para fijar el valor límite europeo de concentración de benceno en el aire. Asimismo será un precedente para, posteriormente, trazar un cuadro de la situación de la contaminación del aire europeo.

METODOLOGÍA. En los próximos dos años se seleccionarán, en cada una de las anteriores ciudades, unos 70 puntos fijos generales representativos de muestreo, dotados de unos captadores o trampas especiales, de diseño europeo, con simetría radial, permeables exteriormente y dotados de un lecho de carbón activo en el que queda recogido el contaminante. Otros 50 puntos de muestreo, que cubren el área de cada ciudad, se corresponderán a situaciones definidas específicamente: hogares, colegios, autobuses, cruces de intenso tráfico, etcétera. Simultáneamente, 50 voluntarios, distribuidos en diez grupos, según sus características, portarán otros captadores, que permitan evaluar su exposición efectiva y específica al benceno, dependiendo de la actividad usual desarrollada.

A lo largo del periodo de Investigación se realizarán diversas campañas de recogidas de muestras, cada una con una duración de siete días. De este modo, también se evaluará la influencia estacional, climatológica, de lluvias, etcétera, sobre la contaminación y la exposición. Un comité coordinador supranacional, el JOINT RESEARCH CENTRE, de la Unión Europea, garantizará la uniformidad de los métodos analíticos aplicados, la verificación del instrumental y la exactitud de los resultados obtenidos. Aunque la Unión Europea se responsabiliza del mayor porcentaje del costo del proyecto, debe existir una cierta financiación propia. Esta es, por ahora, la mayor dificultad del equipo español integrante, la de garantizar, una vez que se ha iniciado la Investigación, que podrá contar con el suficiente apoyo económico local. Esperemos, por el bien de nuestro medio ambiente, de nuestro aire, que lo consigan.