Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Efectos cardiovasculares del tabaco

Una estimación de la Organización Mundial de la Salud indica que cada diez segundos, fallece en el mundo una persona, como consecuencia de enfermedades relacionadas con el hábito de fumar. Si Ud. decide dedicar diez minutos de su tiempo a leer esta divulgación, durante ese breve periodo habrán fallecido unas 60 personas a causa de su adicción al tabaco.

Lo peor es que, según la OMS, de mantenerse las tendencias actuales de consumo de tabaco, ello hará que dentro de 30 años la frecuencia de tales defunciones se haya triplicado hasta alcanzarla cifra de una cada tres segundos. Aunque en los últimos años, en algunos países desarrollados, ha disminuido el consumo de tabaco, en otros muchos, como los del Este europeo y buena parte de los del Tercer Mundo, se ha incrementado el tabaquismo. La media del consumo mundial se encuentra estabilizada en torno a los 1650 cigarrillos, por persona adulta y año. Nuestro país, España, está clasificada entre los países europeos que presentan una mayor prevalencia del hábito tabáquico, casi un 40% de los adultos- alrededor del 50% en varones y del 25% en hembras- y con un 52% de los adolescentes de 15 años que confiesan fumar regular u ocasionalmente.

ENFERMEDADES. Nadie ignora la íntima relación existente entre tabaco y enfermedades como cánceres, tales como los de la boca, laringe, faringe, esófago, páncreas, vejiga urinaria o riñón. Y, ahí está el estremecedor dato de que el tabaco es responsable del 90% de las patologías cancerosas del pulmón. Pero hoy vamos a detenernos más específicamente en otro de los efectos devastadores del tabaco cual esel de su acción sobre el sistema cardiovascular. Muchas personas creen que la nicotina es el único o principal componente nocivo del tabaco pero, la realidad es que, el humo del tabaco, contiene más de cuatro mil diferentes componentes químicos, algunos de ellos altamente peligrosos. Anecdóticamente podemos señalar que el Laboratorio Central de Aduanas en Madrid cuenta con una verdadera máquina fumadora de cigarrillos encargada de producir el humo, que se analiza a continuación, automáticamente, mediante cromatógrafos de gases especialmente dispuestos, a fin de conocer la composición exacta y el origen de cualquier clase de cigarrillos. Lógicamente el trabajo de Aduanas no posee una finalidad médica ni siquiera científica, sino una motivación fiscal o, en otros casos, para detectar adulteraciones y contrabandos.

NICOTINA. Simplificando la cuestión, en el humo del cigarrillo se puede distinguir entre la corriente primaria, inhalada por el fumador, y la corriente secundaria, o lateral, que afecta a las personas situadas en las inmediaciones, al fumador pasivo. En la corriente principal, entre todos los componentes, destaca una fase de partículas. Entre ellas sobresalen la nicotina y el alquitrán, mientras que la fase gaseosa es relativamente rica en monóxido de carbono. Adelantemos que la corriente secundaria, como mínimo, contiene tantos compuestos peligrosos como la principal.

Dejando aparte a los alquitranes y sus directos efectos cancerígenos, hay que señalar que la nicotina es el alcaloide responsable de las propiedades adictivas del tabaco, provocando diversas alteraciones bioquímicas y fisiológicas. En el orden bioquímico, es destacable la modificación que la nicotina ocasiona sobre el patrón lipídico. Produce elevaciones en los valores sanguíneos de los ácidos grasos libres y de la fracción lipoproteíca VLDL (colesterol malo), así como el descenso en las lipoproteínas HDL (colesterol bueno). Es muy significativa la mayor liberación local de catecolaminas, aumentando la biosíntesis de tromboxanos y disminuyendo la de prostaciclinas PGI2. Estos y otros cambios bioquímicos condicionan los correspondientes efectos fisiológicos, en parámetros como los siguientes: incremento en la agregabilidad plaquetaria, que favore la hipercoagulabilidad; la actividad vasoconstrictora y la aparición de espasmos coronarios; las alteraciones en el pulso y en la contractilidad miocárdica, etcétera.

MONÓXIDO DE CARBONO. Respecto al monóxido de carbono, liberado durante la combustión del tabaco, ocurre que, con la hemoglobina, forma un derivado funcionalmente inactivo, la carboxihemoglobina. Ello conduce a una disminución en el aporte de oxígeno celular, junto con una disminución en el umbral de fibrilación ventricular. Si las concentraciones de carboxihemoglobina son suficientemente altas, se pueden ocasionar alteraciones estructurales de las fibras cardíacas. Ello, acompañado de un exceso de grasas en la dieta, hace aumentar grandemente el riesgo de lesiones arterioesclerosas. Por otra parte, se ha demostrado que ciertos minerales, como el cadmio, presentes en el humo del tabaco, incrementan la tensión arterial de los fumadores.

La consecuencia de tales variaciones bioquímicas y fisiológicas, en los fumadores, es un aumento generalizado de sus riesgos vasculares. Son muchos los equipos investigadores que han realizado en todo el mundo cuidadosas evaluaciones epidemiológicas del riesgo relativo, entre fumadores y no fumadores, de diferentes complicaciones cardiovasculares obteniendo relaciones del orden del 700 % para la enfermedad arterial periférica; 500 % para la hipertensión arterial maligna; 470 % para la hemorragia subaracnoidea; 450% en el aneurisma aórtico; 200 % para la enfermedad coronaria; 150 % para la angina de pecho y 120 % para la enfermedad cerebrovascular.

Comentemos brevemente tan solo el caso de la enfermedad coronaria, en muchos países la principal causa de muerte en los hombres de edad superior a los 40 años. Sus posibles mecanismos patogénicos se derivan del hecho de que por los efectos fisiológicos del tabaco existe un menor aporte de oxígeno al miocardio, junto con un mayor riesgo de ateroesclerosis, mientras que la demanda miocárdica de oxígeno se hace mayor, todo lo cual favorece la isquemia cardíaca. Efectivamente, el riesgo de esta cardiopatía isquémica se encuentra triplicado en los fumadores respecto a los no fumadores, presentando aquellos un 70 % más de tasa de mortalidad por infarto agudo de miocardio y asimismo también se triplica el riesgo de muerte súbita. Peor aun, si se continúa fumando se incrementa la probabilidad de repetición del infarto así como la recurrencia de la muerte súbita, aparte de que el tabaco interfiere en la eficacia de algunos medicamentos cardiológicos como propanolol, atenolol, etcétera.

La última consideración se refiere a los riesgos de los fumadores pasivos. Basta con indicar que la relación de los componentes peligrosos del humo del tabaco distribuidos entre la corriente secundaria y la primaria supera en muchísimos casos la unidad, es decir, que la mayor parte de ellos pasa al ambiente que rodea al fumador. Así ocurre con el monóxido de carbono (2,2), nitrosaminas (25), anilina (30), piridina (9,5), nicotina (2,5) y tantos otros.