Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

San Valentín: los olores del amor

La celebración de San Valentín se presta a meditar sobre el amor. Son evidentes sus implicaciones afectivas, personales, sociales e incluso económicas. Pero ¿existen también las científicas, una Ciencia del amor o, incluso, una bioquímica del amor?. ¿Existen las moléculas del amor?.

En principio, como cualquier otro sentimiento, emoción o actividad síquica, las bases del amor radicarían no en el corazón sino en el cerebro. Pero la bioquímica de los sentimientos y de las emociones aun se encuentra en sus balbuceantes inicios y las investigaciones sobre el sentimiento amoroso todavía son insuficientes para podernos ofrecer un perfil definido. Pero existen algunos hechos interesantes, hipótesis más o menos contrastadas e incluso la posibilidad de que ciertas moléculas, las feromonas, puedan tener un papel protagonista al respecto.

AMOR Y EVOLUCIÓN. Un artículo, titulado (traducido) "Anhelo, atracción y vinculación en la reproducción de mamíferos" se publica el presente mes de febrero de 1998, en la revista Human Nature, por la Dra. Helen Fisher del Centro de Estudios Evolutivos Humanos de la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey, una Universidad americana con más de doscientos años de historia. En este artículo, referido a los mamíferos y, más concretamente, a los seres humanos, se evalúa la evolución del comportamiento en relación con los tres sistemas emocionales: el anhelo (ansia y libido), la atracción y el apego (vínculo o fidelidad), todos ellos asociados con el juego del apareamiento y la reproducción. Para la Dra. Fisher cada una de esas emociones posee sus propios circuitos cerebrales así como sus correspondientes mediadores químicos. Y, según la investigadora, "a lo largo de la evolución humana, estos sistemas emocionales han ido independizándose entre sí, fenómeno éste que puede contribuir a explicarnos la flexibilidad del apareamiento humano y el amplio rango, actualmente existente, de estrategias de apareamiento y reproducción". De acuerdo con ello, este modelo evolutivo divergente ayudaría a explicar por qué los seres humanos pueden sentir simultáneamente apego o vinculación respecto a una persona, atracción por otra y anhelo o gran atracción sexual (sin atracción romántica), por otra diferente.

El anhelo físico se desarrolló evolutivamente en busca de una gratificación sexual, mientras que la evolución del sentimiento de atracción sirvió a los individuos para particularizar sus esfuerzos de apareamiento con los compañeros preferidos. Respecto al sentimiento de apego o vinculación, fue determinante para ejercer la labor formadora sobre los hijos tras la paternidad. Esta noción de sistemas separados evolutivamente podría explicar el que ciertos matrimonios convenidos, en algunas culturas, tengan éxito, o que, a veces, uno de los miembros de la pareja pueda engañar al otro e, incluso, por qué los amantes menospreciados pueden cometer crímenes pasionales. Se trataría siempre de la hipertrofia de uno de esos tres sentimientos respecto a los otros dos. Por ello, según la Dra. Fisher el amor no puede ni debe confundirse tan solo con la atracción romántica, que por sí sola puede ser una emoción positiva o negativa. Capaz, por un lado, de estimular las mejores creaciones poéticas del mundo o de provocar nuestros momentos más felices, pero, también, puede ser la base de asaltos, homicidios, depresiones clínicas y suicidios.

En el caso concreto del sentimiento de la atracción, más estudiado, existe una relación directa entre el mismo y el aumento de ciertas concentraciones cerebrales del neurotransmisor dopamina y de otros mediadores químicos. Ellos serían los responsables de la aparición de los síntomas humanos de atracción pasional, tales como alborozo, energía, insomnio o reducción del apetito.

FEROMONAS. El naturalista francés Jean-Henri Fabre, en 1870, observó que ciertas polillas machos se desplazaban a distancias de kilómetros hasta llegar a las hembras, atraídos por ciertos olores o sustancias emitidos por éstas. En 1959, un fenómeno análogo se observó en los gusanos de seda y comenzaron a denominarse feromonas a esos mensajes químicos producidos por ciertos animales, mensajes destinados, usualmente, a su pareja de sexo contrario y que pueden tener funciones muy diversas, entre ellas las de la atracción. Se han encontrado en anfibios y en la mayor parte de los reptiles, contando buena parte de los mamíferos con un órgano vomeronasal que, en los pájaros, solo se ha detectado en su fase embrionaria. Las moléculas feromonas y las moléculas de los olores poseen algunas características comunes: pasan al aire y son detectadas por células nerviosas especializadas ubicadas en la nariz. Pero sus diferencias son evidentes: los olores se detectan en el epitelio olfativo, mientras que las feromonas lo son por el denominado órgano vomeronasal; el número de receptores de las feromonas, al menos en ratas, es de unas decenas, mientras que los de olores se cuentan por centenas; a los olores les corresponden respuestas acopladas (olor a ajo con salsa alioli, por ejemplo), mientras las feromonas no huelen y afectan a los circuitos cerebrales relacionados con el comportamiento; el sentido del olfato (al menos en humanos) opera de forma consciente, y el de las feromonas no; por último, parece existir una especificidad de género para las feromonas: los machos no responden a las feromonas producidas por ellos, que si afectan a las hembras, y viceversa.

¿FEROMONAS HUMANAS?. Su existencia es un tema controvertido. Los anatomistas han venido señalando la existencia de una estructura vomeronasal en los fetos, aunque no en adultos, como un vestigio evolutivo. Pero, ¿realmente ha desaparecido totalmente?. El Dr. David Berliner, investigador de la Universidad de Utah, no lo piensa así. Identifica a ese órgano, desde 1980, con unos pequeños y ubicuos hoyos presentes en el septo nasal, opinando que poseen una unión funcional con el eje hipotálamo-hipofisario del cerebro, que es una pequeña región reguladora de la producción, por otras glándulas, de numerosas y variadas hormonas. Dice haber aislado diversas feromonas humanas, algunas emitidas a través de la piel. Las dos primeras le sirvieron para crear la empresa EROX CORP. y usarlas para preparar unos perfumes, intensificando su atracción. Posteriormente ha fundado otras compañías como PHERIN CORP., en este caso para investigar los usos médicos de cerca de 40 sustancias feromónicas, identificadas naturalmente o fabricadas sintéticamente.

Sin que ello signifique participar en la controversia relataremos un experimento científico realizado en Suiza. En condiciones controladas 44 hombres, durante dos noches llevaron unas camisetas determinadas. Tras ello, las camisetas se colocaron en recipientes adecuados y se dieron a oler a un buen número de mujeres. Se dieron ciertos resultados muy claros relacionados con los así llamados antígenos de histocompatibilidad (MHC, una especie de "tipaje inmunológico") de los hombres portadores y las mujeres oledoras, que respondieron tal como un biólogo evolucionista esperaría. Ellas prefirieron los olores (¿o feromonas?) de los hombres con MHC más diferentes con los suyos propios y los preferidos eran parecidos a los de sus actuales o pasadas parejas.

En todo caso, sean cuáles sean las naturalezas moleculares de los sentimientos asociados con el amor, la festividad de San Valentín lo que debe hacernos es más sensibles a su disfrute.