Ciencia y salud

Por José Antonio Lozano Teruel

Homo, Unde Venis? Quo Vadis?

Finalizamos las divulgaciones dedicadas al bicentenario del nacimiento de Darwin comentando algunos aspectos relativos al ser que constituye la cima de la evolución: el hombre. Entre las preguntas posibles, nos podemos hacer las siguientes: ¿en que consiste la unicidad del ser humano?, ¿cómo hemos evolucionado hasta el presente? o ¿qué cabe esperar respecto a nuestro futuro evolutivo?.

UNICIDAD
Tres grandes especialistas, los Drs. Varki, Geschwind y Eichler revisaban recientemente esta cuestión en la prestigiosa revista NATURE GENETIC, destacando su complejidad ya que ante la pregunta “¿Qué es lo que nos hace humanos?”  los diversos especialistas suelen responder a través de los cristales de su propia especialidad. Sin embargo, la Antropogenia o estudio de la hominización, lo que necesita no son barreras, sino aproximaciones transdisciplinarias en las que se tengan en cuenta en cuenta no sólo los genes, el genoma sino el ambiente, el comportamiento y la cultura, el azar, etc.

La estrecha relación evolutiva existente entre los humanos y los grandes monos africanos (ahora agrupados, con la denominación de homínidos, con orangutanes y hombres) fue predicha por Darwin y otros científicos. Tras muchas observaciones anatómicas y de comportamiento se creyó que se encontraría una interpretación adecuada, cuando hace casi varias décadas, se pudieron realizar análisis comparativos de sus proteínas. Pero resultó que las secuencias respectivas eran casi idénticas. Y hubo que esperar hasta 1990 para descubrir diferencias específicas genéticas entre los diversos homínidos. En la actualidad. las secuencias genómicas son cada vez más factibles y el hallazgo de muestras adecuadas de neandertales y de otros parientes más o menos próximos a los humanos hace predecir que este campo será muy productivo en el futuro.

Pero si hablamos de genomas (genotipos), también deberíamos hacerlo de fenomas (fenotipos), ya que la brecha entre los estudios genómicos y los fenómicos es demasiado amplia, cuando en realidad el fenotipo humano solo es explicable por complejas y variantes interacciones existentes entre su genoma y el medio ambiente, además de los efectos de las actividades y del comportamiento. 

Ejemplo de otro gran campo por ahora totalmente desconocido es la relación entre las evoluciones genómica y de los órganos humanos. Por ejemplo, es intrigante que nuestro tamaño de cerebro ya se había alcanzado unos 100.000 años que las primeras evidencias arqueológicas halladas de comportamiento humano.

Usualmente el ser humano es más grácil que los otros homínidos, los músculos son más débiles y los puntos de inserción musculares en los huesos son menos prominentes, aparte del hecho diferenciador del bipedalismo. Muy poco se sabe de ello a nivel molecular, ni siquiera si el bipedalismo está totalmente programado genéticamente o si se adquiere, al menos parcialmente, por observación, aprendizaje y enseñanza.

¿DE DÓNDE?
Una de las herencias dejadas por Darwin es la idea de que el cerebro humano es un resultado de procesos adaptativos.  Como nuestro cerebro representa solo el 2% de nuestro peso y necesita el 18%de toda la energía que ingerimos, es lógico pensar que su pasado evolutivo ha sido de gran interés.

Hace 1,8 millones de años, en Kenya convivían cuatro especies de homínidos. Sólo una permaneció y evolucionó. Es la nuestra. Los registros fósiles y arqueológicos del pasado de la familia humana en los últimos 4-5 millones de años parecen señalar que los actuales Homo sapiens somos el extremo vivo de una de las 20 ó más ramas de un gran árbol evolutivo ramificado.
Aun quedan muchos puntos oscuros sobre lo sucedido durante el Pleistoceno, es decir, desde nuestros ancestros de hace unos dos millones de años hasta el la llegada a Europa de los primeros Homo sapiens, hace unos 40.000 años o hasta el nacimiento del hombre agricultor y/o pastor, hace tan sólo diez mil años.

Según Gregory Cochran, antropólogo de la Universidad de Utah, quien ha analizado unas cuatro millones de secuencias de ADN una conclusión es clara: “La velocidad de la evolución humana en los últimos pocos miles de años ha sido mucho más rápida que la ocurrida durante unos millones de años anteriores”.

Hace unos diez mil años cambiaron muchas cosas en la vida de los humanos: el tamaño de su población se incrementó enormemente, comenzaron a darse altas densidades de población en algunos lugares y, con ello, la aparición y propagación de enfermedades como la tuberculosis y el paludismo, así como diversos trastornos nutricionales. En esa situación de estrés se incrementó la aparición de mutaciones y se favoreció la pervivencia de las que lograban un efecto favorable, por ejemplo la del gen LCT que permitió la digestión de la leche u otra que afectó al gen que codifica a la enzima glucosa-6-fosfato deshidrogenasa confiriendo ciertas ventajas contra el paludismo.

¿DÓNDE VAMOS?
En su día, las ideas de Darwin significaron un soplo de aire fresco, una revolución, respecto a unas demasiado estrictas interpretaciones creacionistas previas. Pero la evolución humana ha sido, es y será un tema muy complejo en el que han de convivir esquemas más racionales que tengan en cuenta las características e interrelaciones de otros mecanismos, como los darwininianos, pero también otros, como  baldiwianos, los wallacianos y, sin duda, otros, aún desconocidos. Por ejemplo, los rígidos árboles evolutivos basados en sólo la selección natural no podían tener en cuenta fenómenos que hoy conocemos como los mecanismos epigenéticos (transmisión de características adquiridas) o la posibilidad de la transmisión horizontal de caracteres genéticos entre los seres vivos. 

Cuando se le pregunta a la gente su opinión sobre el futuro de la raza humana, destacan dos tipos de respuestas: unos opinan que el cerebro seguirá creciendo, dando lugar a seres deformes dotados de una gran inteligencia mientras que al otro extremo se alinean los que piensan que la tecnología ha puesto un punto final a la lógica de la selección natural por lo que la evolución futura será meramente natural. Y otros llegan más allá, pensando en un futuro simbiótico entre hombres y máquinas interaccionantes produciendo una inteligencia productiva. 

En realidad, con base científica sólida poco se puede afirmar. Es cierto que actualmente podemos hacer sobrevivir a personas con genes “defectuosos” favoreciendo una especie de selección negativa. Y, por otra parte, no podemos ignorar que el ser humano, por primera vez en su historia, puede ser capaz de modificar su propio patrimonio genético y el de sus descendientes.